Reflexiones Agosto I

Existen días en los que la nube de la nada se asienta en mis pupilas, me quedo vacía desde el alba hasta el ocaso y no existen palabras que se puedan presentar o exhalar en ese vacío. 

Hay días como el de hoy, donde se manifiesta el miedo, donde las cicatrices pasadas se abren y salen de ellas aquellas angustiosas y pestilentes lágrimas; existen días donde no queda más que dejar suspirar el alma, acomodar aquella nube en algún rincón de las heridas y permitirle que absorba lo que desee absorber. 

La nada, el miedo, el dolor, los recuerdos, las lagrimas… Todo hecho de sal, azufre y mercurio, porque la intención es cambiar, transmutar lo que fue, a lo que soy, yendo (sin mirar atrás) a lo que seré.

No queda más que seguir adelante, agarrando cada uno de los pedazos de mi corazón, esperando que cicatricen, que vuelva a retomar la hermosura de lo abstracto y funcional, para volverlo a introducir y dejar de estar vacía, olvidar la nada, alejar,e invariablemente del miedo, del dolor y por supuesto, las lágrimas.

“Me receto tiempo, abstinencia y soledad”

  

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