Tengo un dragón…

Tengo un dragón que alimentar, se  ha posado en mi cabeza desde hace algunos ayeres, es pequeño y juguetón, sin embargo ya le están saliendo los dientes, y a veces, cuando tiene pesadillas, me clava sus garras en el alma, muy cerca de la memoria, al lado del corazón emocional.

Me parece grosero que la gente pase caminando a un lado de mi, dejando un metro de distancia, por el miedo que le tienen a mi dragón, yo solo digo en mis adentros “sólo es uno pequeño”, supongo que no están habituados a ver a una dama de 26 años años caminar por su vida con un dragón en su cabeza.

“¿Cuándo, cómo y por qué?” Son las preguntas habituales al respecto de aquel ‘nuevo estilo’ que he adoptado.

¿Cuando? no logro o no quiero recordar la fecha exacta, solo sé que llegó en la época más feliz de mi vida, el amor habitaba en mi alma, la vida habitaba en mi y yo, habitaba en la vida y en el amor; tan feliz me encontraba yo que no me di cuenta, que con los vientos de enero se había enredado entre mis rizos un pequeño pequeñísimo dragón, no me percaté de su existencia porque ¡ni siquiera medía un centímetro! pasaron los años, el dragón fue creciendo, la felicidad se fue ausentando cada vez más y sus ausencias cada vez fueron más prolongadas, hasta que un día, la felicidad quemó  mi piel ante su ausencia, el amor dejó la puerta abierta y la habitación desordenada, ese corazón que de vez en cuando se le ocurría latir arrítmicamente se quedó vacío, únicamente lleno de sangre.  Fue cuando lo vi, durmiendo alegremente sobre mi cabeza, jugando con mis cabellos, mis recuerdos, algunos miedos y con todas y cada una de mis inseguridades, ¡por su puesto que el era feliz! ¡¿cómo no?! ¡si tenía todo lo que un dragón de su edad, tamaño y condición podría desear! Cuando lo ví, lo vi en el espejo de mi alma, en uno de esos días oscuros en los que únicamente pensaba en el suicidio, la autoflagelación o el consumo excesivo de medicamentos que me ayudaran a “no sentir”, pero algo me dijo que abriera el cajón de mi pecho y sacara ese espejo,  ahí estaba: Grande y pequeño, pesado y ligero, de colores múltiples pero oscuros, de escamas brillantes y opacas, pareciera que entre más lo observara, más crecía y sus rasgos se hacían más toscos .

¿Cómo? ya te lo he dicho, simplemente se enredó en mi cabello un día de enero, hace dos años, quizá.

¿Por qué? Así son los dragones, muy diferentes a lo de la literatura fantástica o algunas tarjetas de Magic, no son malos ni buenos, simplemente “son”, son aquellos seres que únicamente quieren crecer, vivir y ser felices (como todos), el único detalle es que crecen en la cabeza, viven a partir de emociones fallidas y son felices al vivir en una casa de tristeza. Lo siento, es la única respuesta que tengo: “Así son los dragones”

¿A qué viene eso? Sencillo… ¡Tengo un dragón que alimentar! Llevo semanas sin darle mis tristezas, mis inseguridades y desesperanzas, así que ahora duerme todo el tiempo y es cada día más pequeño.

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