La vida tiene un extraordinario sentido del humor… la vida, Dios, el Universo… como desees llamarle, pero es verdad.
Una vez, hace no mucho, en realidad, hace unos meses, me dio a conocer el más maravilloso sentimiento de totalidad de amor hacia una persona, al conscientizarme de ello, Dios-la vida-el Universo, decidió otorgarle la posibilidad de elegir entre un amor y un deseo. Mi amor, decidió su deseo.
Fueron los días más tortuosos que he vivido, y en realidad, no le deseo aquello que sentí a nadie. Se que fue una elección el haber sufrido tanto por una persona, y para intentar justificarme, yo creía que ese “alguien” valía verdaderamente la pena. ¿Saben? Valió la pena.
Hace unos días vi en un programa televisivo un fragmento donde un caballero se interesa por una dama, al preguntar por su estado civil, éste se entera de que es divorciada y sin compromiso, a lo que él responde: “Ojalá haya sido un proceso doloroso y tortuoso para que no se arrepiente y decida volver con él”. Creo que así deben de ser las rupturas amorosas, ideales, dolorosas y tortuosas.
Algo que he comentado constantemente, es como dar RCP a un paciente… para poder decirles a los familiares que “hiciste todo lo posible” en verdad, tienes que hacer TODO lo posible, para así poder ver a los ojos a esa persona y darle la noticia de que su familiar murió en tus manos, con tu total y entregado esfuerzo. Así deben de ser los finales.
Los finales donde quedan “como amigos” es una hipocresía, en verdad, lo es, yo lo intenté varias veces y no se puede, aunque creas en hadas y duendes, el ser amigo de alguien que amaste, no se logra, a menos que ninguno de los dos sienta algo por el otro, ahí hay una posibilidad, porque mientras alguien sienta algo, está el fantasma del “puede ser…”
Esto lo leí en varios libros que estuvieron conmigo en el proceso. Ese Walter Riso se ha de hacer millonario por personas que necesitan de sus sabias palabras ya que no tenemos abuelas/abuelos que nos la digan. Comento esto porque es una filosofía muy simple (“lo más sencillo es lo más difícil”); pero me alegra que el conocimiento haya llegado a mi mente y a mi Ser en los momentos más oportunos.
En conclusión, las relaciones amorosas, cuando se lleva a su final, así como el invierno, debe de ser un final crudo, desnudo, que duela hasta los huesos. Más vale sufrir un instante para poder dejar ir del todo, para así, tener las manos vacías y el corazón resanado, en el momento que se desee aventarse al vacío nuevamente, de un nuevo amor.
Recuerda, enamorarse siempre vale la pena… amar siempre vale la alegría.

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