¿Crisis o catársis?

A veces, sólo a veces, prefiero no ver ni escuchar lo evidente.

¿Qué soledad duele más? ¿aquella que se acaricia junto a la brisa de primavera o aquella que entre las personas el vacío te ahoga?

Creo que he aceptado la compra/venta errónea de lo que es el amor, de la búsqueda de la compañía de una persona que al menos intente entender los demonios cuando la fuente de todo es simplemente Ser, amarse a uno mismo y entender que los demonios no son esa fuerza oscura que tratamos de esconder, sino que es una parte importante de nosotros que tienen un papel en la vida, para la enseñanza y para el aprendizaje.

Hace mucho tiempo que no me sentía tan sola estando rodeada de personas, más que nada, porque a lo largo de los últimos 10 años, he tenido la fortuna de estar rodiada de maravillosas personas con las cuales he compartido no solo el punto de vista de la vida, sino también de filosofía, del delicioso punto de ebullición del alma en catársis. Es verdad lo que dicen, uno puede valorar lo que tiene, pero no sabe el graaan valor en la vida hasta que ya no lo tienes tan a la mano y no queda de otra que ir a la guarida de los recuerdos a retomar esas lecciones y volver a repetirlas una y otra vez y otra vez y otra vez, como si esas personas aún estuvieran ahí contigo.

El estar lejos de mi tierra, de casa, de esas personas maravillosas llenas de paz y amor, dejar todo eso para adentrarme al mundo hospitalario, no recuerdo que así haya sido el internado médico, si recuerdo que fue difícil, pero no tan doloroso. ¿Por qué doloroso? no es por la especialidad que he decidido estudiar que es la geriatría, sino porque entre más sea el médico especialista, más alejado está de su lado humano, no con los pacientes, creo que se nos enseña y se nos encara lo más que se pueda a tratar bien al adulto mayor en todos los sentidos, sin embargo, creo que se olvida que nuestros iguales también son seres humanos. Es muy difícil decir que me seinto mál a alguuno de ellos sin recibir la respuesta de que necesito ir al psiquiatra. Que sencillo es deslindarse de algo así, ¿no crees? si ves a alguien mal, si no le puedes ayudar, al menos no le hagas daño, no le lastimes. Es muy doloroso valorar que lo que estoy sintiendo es tan malo que nadie lo quiere escuchar y que es mejor tomar antidepresivos que hablar de la verdadera problemática.

Cuando me he acercado a esas personas maravillosas, antes de decirme que necesito ir al psiquiatra, me dicen que desearían estar conmigo para poder acompañarme en mi dolor.¿Notas la diferencia? Estoy más que consciente de que los trastornos emocionales es una lucha de una sola persona, el carril es angosto y las paredes justas, el techo es alto y la luz a penas se vislumbra, con esto, quiero decir que es un camino que se recorre en soledad, el autoaprendizaje el descubrimiento de uno mismo se realiza en soledad. Sin embargo, siempre ayuda el que te digan que a pesar de todo, que a pesar de que no sientan tu dolor, saben que es real y que te hace sentir mal y que aunque no lo comprendan o no lo puedan compartir, nunca se está sola. Es tan maravilloso poder hablar con alguien sin sentirme juzgada, es tan confortador sentir el abrazo en el alma.

Al día de hoy estoy enamorada, enamorada de un quiza imposible, de alquien que dice que me quiere, sin embargo cada vez se aprecia la realidad más distante de lo que me habla. Es comprensible, ¿quien desearía estar con alguien con un trastorno emocional depresivo? Hasta yo llegué en dudar en salir con alguien que tenía muchas patologías (“como juzgas serás juzgado”), no lo entiendes hasta que te pasa y te pones a reflexionar al menos por unos minutos.  Sin embargo, aún está a mi lado, me regala café, me hace un medio sándwich y recibe los besos que le doy. Quizá no sea amor, pero sostiene mi mano mientras me siento en el punto más débil, es verdad que su voz se opaca y que quizá mi miedo no me deja ver más allá, ni ver el inicio o el final o el seguimiento, pero hoy por hoy, estamos juntos, y aprecio cada segundo que compartimos y coincidimos.

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Algo personal

Toda ilusión se mantiene con vida hasta que se deja de alimentar, hasta que se enfrenta con la realidad y te haces consciente que la vida no puede ser forjada a base de ilusiones, o si puede, si es parte de tu plan y te dedicas a caminar para hacer real aquello que tanto has imaginado.

¿Me doy a entender?

Veo el camino que he recorrido, aunque se que recién he iniciado un tramo que tanto había deseado, que es la residencia médica, pero veo el trayecto previo al ingresar… aún veo las huellas de sangre, los lagos que llené con mis lágrimas, y mi corazón roto con el que tuve que cargar gran parte del  camino, hasta que aprendí a rellenar las líneas con oro, y ese oro no es más que que el amor propio, y gracias a eso, llegar al perdón. Aún en ocasiones, mi corazón llora un poco, no por lo que ya ha pasado, ni por la ilusión de lo que pudo haber sido y no fue, llora un poco porque le parece inconcebibile como un ser humano puede lastimar a otro ser humano de manera consciente. Después veo los libros de historia, donde la humanidad está llena de anécdotas donde no solo fue un corazón roto, sino vidas enteras, violencia, falta de respeto a la vida y por supuesto a la merte, veo las imágenes y los escritos sobre la segunda guerra mundial, sobre los muertes de Siria, sobre la violencia en México, y siento hasta cierto punto vergüenza por permitir que alguien a quien yo ame, lastimara lo más bello que tneog y que me pertenecee, que es mi alma y mi corazón.  A veces el humano es tan egoísta, ¿por qué recordar algo así? ¿por qué estoy aquí en la terraza de un café recordando una etapa dolorosa de mi vida? ¿porque permito que estos pensamientos llenen mi alma y hacen que mi corazón se torne nostálgico? Para recordar la lección, no olvidar que mientras sea posible, hay que mantener el control de lo que se puede tener control: uno mismo.

Dejar de lado el egoísmo, amarse a uno mismo para así poder amar al prójimo, dejar de tener miedo, dejar de ver intenciones inexistentes en el humano de enfrente, hacer lo mejor posible, siempre ser cortés, decir “por favor” al igual que “gracias”, jamas llegar sin aviso, llamar antes de entrar, presentarse, saber lo que se pide para apreciar lo que se recib, y si no es así, retirarse con dignidad.

La edad no pasa en vano.

Terminó de primer servicio

El primer servicio por el que todo residente de primer año es por el piso de geriatría, se te asignan ciertas camas y te haces cargo de los pacientes que llegan ahí.
Quizá haya sido suerte de principiante que dos pacientes que considerábamos que por estadística y porque desdeñaron el tratamiento establecido por diversos artículos científicos de reciente publicación, quizá no los veríamos para darlos de alta por mejoría.

Dios calló mi boca y mi poco optimismo, Dios me dio una lección que espero jamás olvidar: Dios es el que coloca el punto de las “i”, y guía tu mano y tu boca si sabes escuchar un poco del silencio que alberga tu alma. Hacer simplemente un poco más de lo que podrías hacer, salir de tu zona de comodidad, dar un paso más, subir esas escaleras, hablar con aquella doctora, conseguir aquel antibiótico, pedir los laboratorios, cambiar de tratamiento, preguntar diariamente: “¿Cómo está? ¿cómo pasó la noche? ¿pudo dormir? ¿estuvo inquieto? ¿ha comido bien? ¿ha podido ir al baño? ¿lo nota desorientado? ¿ha tenido fiebre? ¿escalofríos? ¿siente dolor? ¿ha platicado con usted? ¿ya le tomaron laboratorios? ¿le pasaron el medicamento?”. Revisar diariamente la hoja de enfermería, revisar reflejos, escuchar campos pulmonares, precordio, tocar el abdomen, que mueba sus piernas, sus brazos, buscar indicos de edema, revisar el funcionamiento de sondas, valorar si se le puede retirar o colocar, etc.  Creo que esto es lo básico que se puede hacer cuando se tiene un paciente en piso, espero Dios me de las herramientas, o al menos me las ponga cerca de mi para que yo, con mi trabajo y esfuerzo, logre alcanzarlas y consiga aprender a utilizarlas.

Por que al final, después de todo, el médico es solo una herramienta de Dios.

Piso de geriatría 1.

Estar en contacto cn el dolor ajeno, realmente es una prueba que sabía que debía enfrentar. Veo a mis residentes y no sé como pueden ocultar el sentir el dolor ajeno.

Ayer regresó al hospital una de las pacientes que se había ido a casa hace una semana, regresó casi por el mismo motivo: derrame pleural. Sin embargo, en esta ocasión, a diferencia de la pasada que había sido por insuficiencia cardiaca congestiva, podría ser una neumonía nosocomial.

En la ocasión pasada, había estado muy tranquila, de hecho, es una paciente bastante tranquila y hermosa, asus 80 años es una paciente valiente y con muchísima paciencia, en esta ocasión, por la mañana tenía mucho dolor. Durante el pase de visita escuché repetidamente la frase: “Mami, mami, mami”. Me tuve que retirar de ahí porque estuve pensando sobre como regresamos a ser niños, como volvemos a buscar el seno materno a pesar de tener 80 años, a pesar de saber que ella ya no está con nosotros, como buscamos el confort del amor verdadero que generalmente es el amor de una madre, para que reconforten el dolor que se se siente. No pude, me tuve que ir al cuarto de maquinas a tomar un poco de aire, después me reintegré al pase de visita.

Recién he iniciado el primer año de la residencia médica en geriatría, y tengo tanto por aprender, tanto por estudiar, y tanto poc ontrolar, pero, hay algo que no quiero olvidar, y es que he decidido la carrera de medicina y la especialidad de geriatría POR AMOR A LA HUMANIDAD. El amor, también abarca la frase “tu dolor me duele”, y aunque puede que me regañen, no quiero dejar de lado mi humanidad, ni estar consciente de la humanidad de mi prójimo. Es algo por lo que lucharé día a día, aunque me duela.

Primera semana.

 

Ha concluido la primera semana en la vida intrahospitalaria, aquello por lo cual estuve luchando tanto, y ahora me encuentro subiendo / bajando esas escaleras y caminando por esos pasillos, escuchando “código rojo”, viendo los ojos de preocupación, tomando muestras, analizando resultados, viendo radiografías, escuchando estertores, soplos cardiacos, palpando masas abdominales, viendo la mejoría o el deterioro de los pacientes. Estoy en el pabellón más cercano a la muerte y al dolor, no es algo extraordinario, pero veo la belleza de las arrugas, las manchas solares en la piel, el cabello cano y los amaneceres sembrados en sus iris. Estoy en el pabellón de geriatría.

Las preguntas clave

Desde la primera vez que me las formularon, han estado rondnando en mi cabeza las siguientes tres preguntas:

¿Quién soy?

¿De donde vengo?

¿Hacia donde voy?

 

Cuando tengo una decisión importante que tomar, me guío en esas tres preguntas que va más allá de los aspectos materiales, sino en la esencia del Yo y de las circunstancias actuales (como decía Ortega y Gasset: “Soy yo y mis circunstancias”).

Lamento la ausencia

Queridos lectores. Gracias por posar sus ojos en estas letras. Han pasado inmensidad de días en los que he querido volver a escribir en este blog y no se que había ocurrido pero wordpress no me permitía redactar, publicar ni guardar alguna publicación.

Es imposible para mi volver a retomar las palabras previamente escritas y que ahora son “polvo en el viento” (virtual, pero polvo al fin y al cabo).
Tomen ésta entrada como una re-introducción a lo que estaré redactando. He decidido escribir un libro, no sé cuanto me tome y no se aún cual será el tema principal, tengo varios borradores en diversas libretas (en físico, por miedo a que me vuelvan a ‘hackear’ los blogs… me ha sucedido unas cuantas veces a lo largo de mi corta -notancorta- vida) entonces lo único que hace falta, es volver a retomar el habito de la escritura y pasarlo al mundo digital.

Gracias a los presentes, los pasados y los venideros. Hay tanto que decir y tan poco tiempo.

 

Reflexiones agosto I

He estado alejada de las letras, y justamente ésta noche sentí una ausencia, un ahogo y un edema en mis emociones que no pude con ellas, acudo a éste blog como el eterno anticoagulante, pues se me atoran las palabras en el alma, el corazón y la mente.

He tenido tantas conversaciones vanas, que en ese momento me son divertidas, y puedo mantener la conversación sin problema, muy a pesar de las incoherencias escuchadas. Sin embargo, se llega a un punto que estar tanto tiempo en la superficie, el sol llega a quemar.

Habemos personas que nacimos bajo la luna, en medio de la oscuridad y reconocemos a corta edad que el cuerpo es en realidad, polvo de estrellas. Por ello se busca inherentemente desde el nacimiento, el cobijo de la noche, y no sólo en el sentido literario, también en el figurativo; música oculta entre los silencios del latir del corazón, conversaciones profundas y misteriosas, porque me dan unas ganas imperiosas de saber oscuros secretos, de que me digas tus más perversos pensamientos y la mayoría de tus pecados (por favor, déjame el maravilloso sabor del misterio y de la duda en tu carácter). Estoy harta de los malditos mensajes, de aquellas cosas tan inverosímiles donde no se muestra el alma, y cuando se muestra, queda el silencio perpetuo hasta que el remordimiento aparece.

Necesito…. ahogarme en las profundidades de la mente, del corazón emocional y de la vida misma.

Reflexiones Agosto I

Existen días en los que la nube de la nada se asienta en mis pupilas, me quedo vacía desde el alba hasta el ocaso y no existen palabras que se puedan presentar o exhalar en ese vacío. 

Hay días como el de hoy, donde se manifiesta el miedo, donde las cicatrices pasadas se abren y salen de ellas aquellas angustiosas y pestilentes lágrimas; existen días donde no queda más que dejar suspirar el alma, acomodar aquella nube en algún rincón de las heridas y permitirle que absorba lo que desee absorber. 

La nada, el miedo, el dolor, los recuerdos, las lagrimas… Todo hecho de sal, azufre y mercurio, porque la intención es cambiar, transmutar lo que fue, a lo que soy, yendo (sin mirar atrás) a lo que seré.

No queda más que seguir adelante, agarrando cada uno de los pedazos de mi corazón, esperando que cicatricen, que vuelva a retomar la hermosura de lo abstracto y funcional, para volverlo a introducir y dejar de estar vacía, olvidar la nada, alejar,e invariablemente del miedo, del dolor y por supuesto, las lágrimas.

“Me receto tiempo, abstinencia y soledad”