Piso de geriatría 1.

Estar en contacto cn el dolor ajeno, realmente es una prueba que sabía que debía enfrentar. Veo a mis residentes y no sé como pueden ocultar el sentir el dolor ajeno.

Ayer regresó al hospital una de las pacientes que se había ido a casa hace una semana, regresó casi por el mismo motivo: derrame pleural. Sin embargo, en esta ocasión, a diferencia de la pasada que había sido por insuficiencia cardiaca congestiva, podría ser una neumonía nosocomial.

En la ocasión pasada, había estado muy tranquila, de hecho, es una paciente bastante tranquila y hermosa, asus 80 años es una paciente valiente y con muchísima paciencia, en esta ocasión, por la mañana tenía mucho dolor. Durante el pase de visita escuché repetidamente la frase: “Mami, mami, mami”. Me tuve que retirar de ahí porque estuve pensando sobre como regresamos a ser niños, como volvemos a buscar el seno materno a pesar de tener 80 años, a pesar de saber que ella ya no está con nosotros, como buscamos el confort del amor verdadero que generalmente es el amor de una madre, para que reconforten el dolor que se se siente. No pude, me tuve que ir al cuarto de maquinas a tomar un poco de aire, después me reintegré al pase de visita.

Recién he iniciado el primer año de la residencia médica en geriatría, y tengo tanto por aprender, tanto por estudiar, y tanto poc ontrolar, pero, hay algo que no quiero olvidar, y es que he decidido la carrera de medicina y la especialidad de geriatría POR AMOR A LA HUMANIDAD. El amor, también abarca la frase “tu dolor me duele”, y aunque puede que me regañen, no quiero dejar de lado mi humanidad, ni estar consciente de la humanidad de mi prójimo. Es algo por lo que lucharé día a día, aunque me duela.

Primera semana.

 

Ha concluido la primera semana en la vida intrahospitalaria, aquello por lo cual estuve luchando tanto, y ahora me encuentro subiendo / bajando esas escaleras y caminando por esos pasillos, escuchando “código rojo”, viendo los ojos de preocupación, tomando muestras, analizando resultados, viendo radiografías, escuchando estertores, soplos cardiacos, palpando masas abdominales, viendo la mejoría o el deterioro de los pacientes. Estoy en el pabellón más cercano a la muerte y al dolor, no es algo extraordinario, pero veo la belleza de las arrugas, las manchas solares en la piel, el cabello cano y los amaneceres sembrados en sus iris. Estoy en el pabellón de geriatría.

Las preguntas clave

Desde la primera vez que me las formularon, han estado rondnando en mi cabeza las siguientes tres preguntas:

¿Quién soy?

¿De donde vengo?

¿Hacia donde voy?

 

Cuando tengo una decisión importante que tomar, me guío en esas tres preguntas que va más allá de los aspectos materiales, sino en la esencia del Yo y de las circunstancias actuales (como decía Ortega y Gasset: “Soy yo y mis circunstancias”).

Lamento la ausencia

Queridos lectores. Gracias por posar sus ojos en estas letras. Han pasado inmensidad de días en los que he querido volver a escribir en este blog y no se que había ocurrido pero wordpress no me permitía redactar, publicar ni guardar alguna publicación.

Es imposible para mi volver a retomar las palabras previamente escritas y que ahora son “polvo en el viento” (virtual, pero polvo al fin y al cabo).
Tomen ésta entrada como una re-introducción a lo que estaré redactando. He decidido escribir un libro, no sé cuanto me tome y no se aún cual será el tema principal, tengo varios borradores en diversas libretas (en físico, por miedo a que me vuelvan a ‘hackear’ los blogs… me ha sucedido unas cuantas veces a lo largo de mi corta -notancorta- vida) entonces lo único que hace falta, es volver a retomar el habito de la escritura y pasarlo al mundo digital.

Gracias a los presentes, los pasados y los venideros. Hay tanto que decir y tan poco tiempo.

 

Reflexiones agosto I

He estado alejada de las letras, y justamente ésta noche sentí una ausencia, un ahogo y un edema en mis emociones que no pude con ellas, acudo a éste blog como el eterno anticoagulante, pues se me atoran las palabras en el alma, el corazón y la mente.

He tenido tantas conversaciones vanas, que en ese momento me son divertidas, y puedo mantener la conversación sin problema, muy a pesar de las incoherencias escuchadas. Sin embargo, se llega a un punto que estar tanto tiempo en la superficie, el sol llega a quemar.

Habemos personas que nacimos bajo la luna, en medio de la oscuridad y reconocemos a corta edad que el cuerpo es en realidad, polvo de estrellas. Por ello se busca inherentemente desde el nacimiento, el cobijo de la noche, y no sólo en el sentido literario, también en el figurativo; música oculta entre los silencios del latir del corazón, conversaciones profundas y misteriosas, porque me dan unas ganas imperiosas de saber oscuros secretos, de que me digas tus más perversos pensamientos y la mayoría de tus pecados (por favor, déjame el maravilloso sabor del misterio y de la duda en tu carácter). Estoy harta de los malditos mensajes, de aquellas cosas tan inverosímiles donde no se muestra el alma, y cuando se muestra, queda el silencio perpetuo hasta que el remordimiento aparece.

Necesito…. ahogarme en las profundidades de la mente, del corazón emocional y de la vida misma.

Reflexiones Agosto I

Existen días en los que la nube de la nada se asienta en mis pupilas, me quedo vacía desde el alba hasta el ocaso y no existen palabras que se puedan presentar o exhalar en ese vacío. 

Hay días como el de hoy, donde se manifiesta el miedo, donde las cicatrices pasadas se abren y salen de ellas aquellas angustiosas y pestilentes lágrimas; existen días donde no queda más que dejar suspirar el alma, acomodar aquella nube en algún rincón de las heridas y permitirle que absorba lo que desee absorber. 

La nada, el miedo, el dolor, los recuerdos, las lagrimas… Todo hecho de sal, azufre y mercurio, porque la intención es cambiar, transmutar lo que fue, a lo que soy, yendo (sin mirar atrás) a lo que seré.

No queda más que seguir adelante, agarrando cada uno de los pedazos de mi corazón, esperando que cicatricen, que vuelva a retomar la hermosura de lo abstracto y funcional, para volverlo a introducir y dejar de estar vacía, olvidar la nada, alejar,e invariablemente del miedo, del dolor y por supuesto, las lágrimas.

“Me receto tiempo, abstinencia y soledad”

  

Tolerancia a la frustración

Hay noches en la que la tristeza me abandona, pero se me impregna la melancolía del día. Leo lo que quiero leer, y también lo que tengo que leer, bebo de aquella taza donde el café ha quedado tibio,  procurando concentrarme en el “aquí y ahora”, sin embargo, a veces llamas a mi puerta y sin pedir permiso entras y haces un desastre en mi alma y mi corazón. No me queda que dejar salir las emociones al ritmo de una canción de Enya, y me quedo en silencio, después de la medianoche, tratando de calmarme e intentando desesperadamente en la lectura que tengo pendiente, pero no tengo otra salida que escribirle a la nada, al miedo, a la tristeza, a éste dolor que no me deja por completo, que no me permite estar entera en mi presente.

La ventana está cerrada, pero aún la brisa nocturna suspira tu nombre de una manera tan silente que sólo siento las sílabas pronunciarse en la vibración de mi alma, y así, se llena el todo de tu escabroso silencio y el oscuro sopor de un amor que ha muerto. A ésta hora, en ésta noche, me ahoga el pavor y la ansiedad de volver a llorar tan amargamente por un sueño que murió antes de yo abrir los ojos de la certeza, no quiero volver a caminar junto a un muerto, ni amar en soledad a una sombra que se escabulle entre otros brazos.

LUNA1

Sólo me queda seguir adelante, alzar la frente, limpiar éstas lágrimas deshidratadas, sonreír (aunque duela) porque: “EL DOLOR ES INEVITABLE, EL SUFRIMIENTO ES OPCIONAL”, y si deseas visitarme, eres bienvenido, aunque me duela, quédate el tiempo necesario pero no para siempre, debo seguir viviendo, porque después del huracán de tu nombre, la tierra por la que pasaste, continúa latiendo, continúa vertiendo sangre, continúa deseando amar y ser amada, porque se viene al mundo a ser feliz, y para colmo, se vive una vez.